Soledad vino a verme...
Y entró por la puerta grande, oli su perfume rancio e indiscreto, con el vestido gris Oxford que le acomoda cuando esta de buenas y hace visitas. Hurgó por los rincones, le satisfizo el polvo que puso con esmero, me preguntó por las dos plantas que secó.
-¡Hace cuánto nos conocemos?
–No lo sé. bastante tiempo…-
Miró los trastes sucios, la ropa sucia y sonrió de ver , que su labor era plena.
Mayor gusto le dio ver al gato dormido, aburrido también con el día nublado a punto de llover.
Fijó su mirada en un libro (a menudo le desagrada que le quite atención y se la entregue a unas hojas de papel)….lo hojeó y lo aventó encima de la cama restándole importancia.
Siguió con su visita en mi alacena, le dio asombró tanto hueco….casi feliz, deja su firma de “supervisado” en el refrigerador.
-Espero verte el siguiente mes- me dijo
-No lo sé- Hace frío y los recuerdos no ayudan, a lo más, te dejare un recado si decido marcharme.-
-Tienes que estar, no quiero venir en vano y descubrir que hay nuevos inquilinos, odio tener que empezar…competir con estupideces como la tele o el radio, ya lo ves, contigo me costó trabajo.-
-Sé que odias venir y encontrarme ocupada en mi, o en mis sueños, lo siento…quisiera también a ti cumplirte, pero esta vez no tengo ganas ni ánimo para volverte a encontrar, no lo tomes personal, sólo te lo comento-
Un poco molesta Soledad, (que nunca se enoja porque si se marcha enfadada no tiene la humildad para volver, y entrar pidiendo disculpas)me miro. Sus ojos como siempre me hicieron ver de cerca, el pasado. Un escalofrío, el de siempre, me recorrió los cabellos y paralizo mis recuerdos, Y sin apartarme la vista tomó entre sus manos mi libro…lo colocó en el librero, entre otros tantos, y me dio uno que ella escogió:
-Toma este, te servirá en lo que vuelvo-
¡¡¡Mas de mil páginas!!
-Si, eso te funcionará mientras-
- Además, te dejó el ordenador, la red y tu soberbia ante el espejo, eso sin duda hará que nos encontremos de nuevo.-Dijo en su tono mas compasivo.
Y me besó en la mejilla a modo de despedida, y sentí sus labios fríos, huecos, casi imperceptibles al tacto, y su vaho me recordó que desde hace días no me baño…que son las siete de la tarde y aún no desayuno, que hace rato ni siquiera reviso el correo y que me da igual.
Entonces, se marcho, como todo en mi vida, porque cuando la soledad se va y te deja a solas, no viene el hastío, sino el vacío. Su ausencia dejó un inacabable llanto que ya no se puede expresar en súplicas ni en lágrimas.
Y ahora, por eso, leo este inacabable libro y me entretengo escribiendo, mientras regresa quien sabe si para mudarse definitivamente a mi apartamento.
Y también por si acaso ya lave los trastes, limpie el polvo y recogí lo tirado en el suelo, buscaré ahora estrategias mas efectivas que las de ella, para evadirme y evadir su encuentro.